A VUELTAS CON LA INTERSEXUALIDAD

Juan Lejárraga *

(Artículo publicado en el BIS nº 60, año 2009)

La intersexualidad se ha puesto de moda y es difícil no encontrarla allá donde uno mire. En películas comerciales como XXY, de Lucía Puenzo (2007), o en meritorios documentales como Tintenfischalarm de Scharang (2006); en libros como Transexualidad, intersexualidad y dualidad de género (Bellaterra, 2008) de J.A. Nieto o en números especiales de revistas académicas como GLQ (Vol. 15, n. 2, 2009). Incluso una catedrática de retórica y literatura comparada como Butler le dedicó abundantes páginas al asunto (Undoing gender, 2004)…

Quizá convenga señalar primero que bajo la etiqueta de “intersexual” se agrupa una serie de fenómenos (hiperplasia suprarrenal congénita, síndrome de insensibilidad a los andrógenos, disgenesia gonadal, hipospadias, síndrome de Turner, síndrome de Klinefelter, deficiencia de 5- alfa reductasa) de características variables. Para ampliar, pueden leerse las jornadas (2001) sobre estados intersexuales e hipogonadismo de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica[1].

Desde los años 90 para acá, es cierto, una serie de autoras había empezado a abordar esta cuestión desde una perspectiva crítica y generalmente feminista (Kessler, Fausto-Sterling, Dreger, Preves), a rebufo del activismo político de la Sociedad de Intersexuales Norteamericana (ISNA)[2] personificado en Cheryl Chase[3]. Por resumir una historia algo más intrincada, la ISNA pedía que los bebés intersexuales o con genitales ambiguos no fuesen operados para ajustarse al supuesto estándar de normalidad genital masculina o femenina. Sin rechazar que el bebé fuese asignado a un sexo u otro, se trataba de romper el velo de secretismo y vergüenza que rodeaba las decisiones médicas conducentes a la cirugía de reasignación sexual. Se postulaba el paso de un modelo basado en la ocultación a otro centrado en los intereses del intersexual[4].

En apenas 15 años, los avances han sido enormes, y se podría decir que el conocimiento y la difusión de las demandas de los intersexuales han alcanzado un punto de madurez, como atestiguan las directrices ya publicadas[5] y los consensos expresados en revistas especializadas[6]. Persisten todavía algunos flecos motivo de debate, cuyas consecuencias no son sólo epistemológicas sino económicas, tocantes a la denominación más adecuada: ¿hermafroditas, intersexuales, alteraciones del desarrollo sexual, diferencias en el desarrollo sexual?[7]

En ese estado de relativa claridad desde un punto de vista teórico (la difusión social siempre es más lenta), sorprende asistir hoy día a una explosión discursiva en la que los intersexuales valen tanto para un roto como para un descosido. O mejor dicho: para romper y descoser. Porque la causa intersexual suele emplearse en entornos “alternativos” (queer, posmodernos, LGBTI…) para arremeter contra el binarismo sexual considerándolo arbitrario (¡nada menos!), opresor, incapaz de acoger la rica diversidad…

No me voy a entretener detallando los usos espurios de la intersexualidad para fines distintos a lo que cabe entender como intereses de los intersexuales; baste consignarlo. Sí merece la pena subrayar cómo van surgiendo voces discrepantes, desde dentro de estos movimientos alternativos, que denuncian las dicotomías simplificadoras (por ejemplo, médicos opresores e intersexuales víctimas[8]) y la sordera de algunos teóricos ante las vivencias de los intersexuales[9].

¿Y cuál es nuestro papel en todo esto? Como estudiosos de los sexos, algunas claves tenemos. De hecho, todo este embrollo, derivado del desplazamiento de la intersexualidad como eje teórico a síndrome clínico, ya fue abordado por los sexólogos de la primera generación. Ellos plantearon que el sexo es un concepto, con sus diversos matices y peculiaridades acogedores de la rica diversidad humana.

Releamos a Hirschfeld (1903)[10]: El hombre completo y la mujer completa son en realidad sólo formas imaginarias que tenemos que llamar en nuestra ayuda para poseer un punto de partida para los estadios intermedios. Y a Marañón (1930)[11]: lo masculino y lo femenino no son dos valores terminantemente opuestos, sino grados sucesivos del desarrollo de una función única, la sexualidad, que entre la niñez y la ancianidad –en las que está apagada– se enciende durante el periodo central de la vida, con diferencias puramente cuantitativas y cronológicas, de un sexo a otro…

La intersexualidad, pues, no rompe ningún binarismo reduccionista sino que, desde hace más de 100 años, es para los sexólogos el punto de partida para la comprensión de los sujetos sexuados. Qué hace a uno ser de un sexo y a otro ser de otro –escribe Amezúa[12]se juega no sólo en órganos sino en formas de sentir y de atraer, en vivencias y, sobre todo, en eso que se conoce, también desde Hirschfeld, como noción de identidad sexual. Pero eso es otra historia…

* Sexólogo


[3] Chase, C. (1998) Hermafroditas con actitud: cartografiando la emergencia del activismo político intersexual. En El eje del mal es heterosexual: Figuraciones, movimientos y prácticas feministas queer, Traficantes de sueños, 2005, pp. 87-108. http://tr.im/mnSM.

[6] Summary of consensus statement on intersex disorders and their management. Pediatrics, Vol. 118, No. 2 August 2006, pp. 753-757. http://tr.im/mo0B

[7] Diamond, M. Human intersexuality: difference or disorder? Archives of Sexual Behavior (2009) 38, p. 172. http://tr.im/mujK

[8] New managements in intersex debates. Nuria Grégori, Carmen Gallego, Silvia García-Dauder. http://tr.im/mpMh

[9] Grégori, N. La experiencia intersexual en el contexto español. Tensiones, negociaciones y microrresistencias. En Cabral, M. (ed.) Interdicciones. Escrituras de la intersexualidad en castellano, Anarrés, 2009, pp.80-81. http://tr.im/mpNh

[10] Citado en Llorca, A. (1996) La teoría de intersexualidad de Magnus Hirschfeld: los estados sexuales intermedios. Anuario de sexología, 2, AEPS, p. 64.

[11] Citado en La disposición intersexual: origen de diversidad (Una mirada desde la sexología) en Botella Lussiá y Fernández de Molina (eds.,1998) La evolución de la sexualidad y los estados intersexuales, Díaz de Santos, p. 243.

[12] Amezúa, E. (2006) Sexologemas (cuando los genitalia no dejan ver el sexo) Revista española de sexología, nº 135- 136. Publicaciones del Instituto de Sexología, Madrid, p. 46.

 

Anuncios

2 pensamientos en “A VUELTAS CON LA INTERSEXUALIDAD

  1. Pingback: Entre dos sexos | Brújula Intersexual

  2. Pingback: Entre dos sexos | Besatsang

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s