17 de Mayo: Educación Sexual frente a la Homofobia y la Transfobia

ANA FERNÁNDEZ ALONSO*

17 mayo

Sabemos que en los primeros años de la infancia, ya se empieza a tener conciencia de la identidad sexual. Así como también sabemos que en la adolescencia es el momento en que nuestro deseo erótico se orienta preferentemente hacia hombres o hacia mujeres, o hacia hombres y mujeres, incluso podríamos asegurar que en muchas ocasiones sucede bastante antes.

 

En principio ello no debería suponer ningún problema… Pero los problemas aparecen cuando la sociedad se empeña en que las cosas sean de manera distinta a como el niño, niña o adolescente las percibe. Y cuando digo la sociedad me refiero al entorno: familia, amistades, escuela, vecindad…

Veamos primero el asunto de la identidad sexual, es decir la vivencia del hecho de ser hombre o ser mujer. Porque será en los primeros años de la infancia cuando la niña empiece a demandar ser tratada como el resto de las niñas de su edad, de forma diferenciada a los que son niños.  O el niño reclame ser tratado como se trata a los demás niños.  Habrá quien diga que deberíamos poner el acento en desmontar los estereotipos que diferencian por sexos, pero mientras lo vamos resolviendo, los niños y las niñas crecen en una sociedad que marca esas diferencias y demandarán lo que creen que les corresponde. Y vestirse con la ropa que entienden que les corresponde. Y jugar con los juguetes que les gustan. Y tal vez habrá peques que, por pudor, no deseen usar el mismo cuarto de baño de quienes no son sus iguales. Y entonces es cuando empiezan los problemas, si se da la circunstancia de que el sexo que se les asignó al nacer no se corresponde con su identidad, con su sexo sentido.

 

Cuánto tiempo vamos a tardar en aceptar que hay niñas que nacen con pene y niños que nacen con vulva… Lo mismo que hay hombres con menos vello corporal, siendo la ausencia de vello corporal una característica atribuida generalmente a las mujeres… O mujeres con voz más grave, siendo la voz grave algo más característico del sexo masculino, pero no en exclusiva… Pues a veces eso sucede con los genitales… No son por tanto nuestros genitales quienes van a determinar el hecho de ser hombre o de ser mujer. Tampoco de ser niño o ser niña.

 

Y mientras la administración y su burocracia se consiguen aclarar con todas estas cuestiones, tenemos niños, niñas y adolescentes que sufren la incomprensión de una sociedad que no es capaz de verles como realmente son.

 

Vamos ahora con la orientación del deseo. Es decir, la respuesta a la pregunta ¿Mi objeto de deseo erótico, la persona que me gusta, de la que me enamoro, es hombre o mujer?  Si la respuesta coincide con la heterosexualidad normativa que nos dicta la sociedad, no tendremos fuente de conflictos ¿Pero que sucede si no es así? En los primeros años de la infancia, cuando niños y niñas van ya al colegio, frecuentemente caemos en el estereotipo heterosexista de preguntarles si tienen novio o novia. Y sobre todo, en los institutos, la heterosexualidad casi siempre se presupone como norma general. Así pues, los chicos y chicas homosexuales aprenden a disimular y ocultar sus amores, en un momento en el que todo su entorno se enamora y lo grita a los cuatro vientos, con el subidón hormonal característico de determinadas edades.

 

Los institutos son además un caldo de cultivo de la homofobia y la transfobia, puesto que al ser la adolescencia un periodo en el que chicos y chicas sufren tantos cambios en su cuerpo y sus emociones, buscan la estabilidad que les da la pertenencia al grupo de iguales. Buscan la homogeneidad frente a tantos cambios. Y buscan estar en la norma y pobre de quien se atreve a salirse de ella. Y eso le pasará factura a quien esté demasiado gordo, o demasiado delgado, o se vista de forma diferente, o tenga el pelo diferente, o tenga alguna limitación física o intelectual… Y por supuesto a quienes, sabiéndose homosexuales, se atrevan a hacerlo explícito y se salgan de la “normalidad” heterosexual. O a quienes se atrevan a reivindicar una identidad sexual diferente a la que pregona su nombre en las listas de clase…

 

Por todo ello, los y las profesionales de la Sexología, declaramos que sólo desde la Educación Sexual se puede salir al paso de estas situaciones. Sabemos que educando en la diversidad, desde los primeros años de escolarización, el alumnado tendría muy claro el valor de las diferencias. Que todas las identidades y todas las formas de amar son igual de valiosas, que todos los tipos de familia son igual de legítimos, que hay niñas con pene y niños con vulva, igual que hay mujeres con poco pecho y hombres con la voz más aguda… Y que te puedes enamorar de chicos o de chicas, o de ambas cosas, independientemente de lo que tú seas.

 

Pero para que esto funcione, no nos sirve una campaña puntual, una intervención de un día en unas jornadas, o un taller para aprender a poner preservativos, muchas veces a cargo de voluntarios o monitores sin cualificación alguna.

 

La Educación Sexual es una de las líneas de trabajo de la profesión sexológica, estudiamos para ello varios años, y nuestros estudios nos cualifican para hacerlo, lo mismo que a un abogado sus estudios de derecho o a un médico los suyos de medicina. Por tanto la persona responsable de la Educación Sexual, ha de tener la correspondiente formación en Sexología.  Solo de esta forma se puede garantizar una Educación Sexual de calidad, que aborde realmente cuestiones relevantes, relativas a la diversidad de identidades sexuales y de orientaciones del deseo, así como otras igualmente importantes sobre amores y desamores, encuentros eróticos y también sus desencuentros, fantasías, convivencias, etc, teniendo en cuenta a todas las personas, en sus diferentes circunstancias y momentos evolutivos. (Claramente esto va mucho más allá de la prevención de embarazos no deseados y de coitos seguros y protegidos, que es para lo que muchas veces se nos reclama…).

 

Pero mientras esta Educación Sexual no sea una realidad, llegamos tarde… Y esto es así porque sabemos que en cualquier centro educativo nos estamos encontrando con chicos y chicas que viven en estos momentos con angustia y conflicto, tanto su identidad sexual como su orientación de deseo… Y que en la mayoría de los casos, esta vivencia ha comenzado ya en la educación primaria, o incluso en la etapa infantil… Hace falta una Educación Sexual que dé respuesta a la diversidad de sexualidades presentes en el aula… En cualquier aula de cualquier centro educativo de la etapa que sea… Una Educación Sexual que aborde desde esa perspectiva de diversidad, el hecho de ser, en cualquier caso, personas sexuadas, sexuales, eróticas y amantes.

 

*SEXÓLOGA

Miembro del equipo de Comunicación de la AEPS

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