RESEÑA: “Los sexos y el género. Repensando la lucha feminista” Lucía González-Mendiondo. Ed. El Salmón

Susana Maroto y María Arnáiz*

Sinopsis Ed.  Salmón.

“Cuestionar, en definitiva, lo que parecía fuera de toda duda: que vivimos bajo un sistema sexo/género que nos oprime y condiciona la interacción posible entre los sexos. Premisa desde la que aún necesaria, la lucha feminista corre el riesgo de ser absorbida por una sola de sus ramas, probablemente la menos liberadora de todas ellas”. 

Tal vez lo primero que tenemos que decir es que se trata de una compacta obra que la autora describe como un ejercicio de síntesis de su trabajo con respecto al cuestionamiento de las teorías de género desde el marco sexológico. A nuestro juicio supone un material imprescindible no sólo para sexólogos/as, sino para quienes están haciendo un ejercicio de reflexión hacia las diversas miradas del feminismo actual.

A modo de síntesis, nos gustaría resaltar algunos puntos centrales que suponen el eje vertebrador de este texto.

La autora en la introducción explicita y se posiciona diciéndonos: “Mis discrepancias con la teoría de género y el actual feminismo de la igualdad que la sustenta son epistemológicas y  no ideológicas.” Y refrenda este postulado con un argumentario bien esbozado  para cuestionar al género como teoría que pueda ofrecer una praxis útil en la consecución de los objetivos de la lucha feminista.

Nos muestra como gran parte del universo feminista asume un discurso de género que es cuestionable, el sistema sexo/género es un paradigma dicotómico que no tiene episteme para integrar la diversidad sexual y viene a reproducir unos roles diluidos que no solucionan la problemática subyacente por su falta de atención a las diferencias sexuadas, alejándose de la realidad de hombres y mujeres. Por esta y otras razones cuestiona el paradigma de género como ciencia, y lo reconoce y legitima como ideología. Considera que, el género ha sido una herramienta útil en el movimiento feminista, pero es anacrónica para entender la realidad actual.

A su vez viene a cuestionar el lugar desde donde hacer la lucha política; el  feminismo institucionalizado está absorbiendo una lucha que ha estado focalizada en las bases sociales y corre el riesgo de servir a otros objetivos de los que han venido siendo las reivindicaciones feministas a lo largo de la historia.

La actitud desde donde se posicionan estos feminismos, no contribuye al empoderamiento de las mujeres, sino que construye una dicotomía perversa que genera victimismo. Supone un constructo en que el mismo esquema dicotómico víctima/opresor, desplaza al sistema patriarcal como opresor sustituyendo a este último por el hombre. Los hombres suponen los actuales enemigos, y pierden su capacidad de reconocerse como víctimas de las prescripciones de un sistema que también tiene sus consecuencias para ellos, aunque estas les afecten de manera diferente que a las mujeres.

Además, las  consecuencias de estas nuevas prescripciones, invaden el ámbito íntimo permitiendo  que la política “se meta debajo de tus sábanas”, complicando las relaciones entre mujeres que desean hombres, y hombres que desean mujeres. Por mucha crítica a la heteronormatividad que  acontece, esta realidad sexuada que es la heterosexualidad, existe y seguirá existiendo. Este discurso provoca  que  las mujeres nos alejemos de nuestra propia erótica por temor, lo que conduce también a alejarse de los propios deseos y a actuar desde las nuevas normas.

La expectativa de la igualdad desde esta mirada, imposibilita aceptar las diferencias sexuadas y dificulta el encuentro entre los sexos, provocando incomprensión hacia sí mismo y hacia los demás, boicoteando las diversas posibilidades que la diversidad ofrece.

 ¿Dónde pone los ojos  Lucía?

Nos propone tres ejes centrales que serían imprescindibles a repensar y estudiar para poder salir de esta situación y avanzar:

–          Revisar la “cuestión de las mujeres” para recentrar la lucha feminista.

–          Conocer el hecho sexual humano como marco teórico para comprender las diferencias y romper las dicotomías constantes que surgen.

–          Trabajar sobre la diversidad y las singularidades y a partir de estas poder replantear las relaciones entre los sexos desde la compartibilidad.

Además, desde su compromiso feminista resalta que dentro de las filas de los movimientos feministas, existen aquellas aguerridas con un discurso disidente construido con potencia argumental, pero con raíces en otro paradigma: el de los sexos en vez del de género.

*Sexólogas

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