Reseña: “Tránsitos, Comprender la transexualidad infantil y juvenil a través de los relatos de madres y padres”. Aingeru Mayor. Ed. Bellaterra.



Maite Higuero*


Revisar el borrador de “Tránsitos” fue mi primera tarea durante el extraño tiempo del confinamiento. Bendito regalo. Disponer de tiempo aumenta las posibilidades de una atención más consciente y pausada, evita las prisas por llegar a ningún sitio y nos permite disfrutar del camino.

Acompañar a niños con vulva y niñas con pene en su particular vivencia requiere igualmente de tiempo, tiempo además pausado para la escucha, para la observación y sobre todo para posibilitarles irse viviendo, entendiendo, conociendo y significando a través de la interacción con las personas que estamos en su entorno. Nada diferente a lo que necesita cualquier otro niño o niña. Pero comprender y aceptar que son lo que pueden ir expresando que son, tengan los genitales que tengan, es un compromiso ético que requiere de aportaciones tan valiosas como este libro, escrito por su autor, me consta; con el mismo grado de implicación personal que de rigor científico.


La lectura del manuscrito me permitió emocionarme con los relatos, experiencias y vidas de muchos niños, niñas, padres y madres que, además, tengo el privilegio de ir conociendo a partir de mi colaboración como sexóloga en la asociación Naizen.

Por mi propio recorrido profesional las biografías siempre han tenido un fuerte impacto para mí. Que alguien te haga participe de sus vivencias, dificultades, triunfos, sentimientos, ideas y esfuerzos es un privilegio impagable que además aporta una gran satisfacción. Porque cuando se trata de vivencias, no hay sitio para la crítica ni la confrontación; sólo tienes que escuchar (o leer, en este caso) y disfrutar con ello. La lectura de cada una de las pequeñas historias de este libro me ha resultado conmovedora. Están llenas de pequeños detalles cargados de enorme significación y trascendencia vital para sus protagonistas. Los padres y madres trasmiten con una agradecida honestidad sus momentos de perplejidad, sus deseos siempre presentes de poder entender lo que estaba pasando en sus casas, sus miedos y recelos, sus intentos de “solución” y a veces su desesperanza por no encontrar en otros (a veces profesionales) la mirada de reconocimiento y validación que tanto necesitan.

Estos relatos nos ofrecen la oportunidad de darnos cuenta de la magnitud y la potencia con la que estos niños, niñas y adolescentes expresan quien son: “yo soy un niño”, “yo soy una niña”. Así de sencillo, así de trascendente, así de contundente. Porque ciertamente el tránsito lo hacemos siempre los demás, los que antes veíamos niño a quien era una niña y viceversa. Ellos siempre fueron lo que son, sólo han necesitado poder expresarlo.

Tanto padres y madres, como profesionales de la educación, de la salud o de cualquier otro ámbito, agradecerán este material por la cantidad de conocimiento, herramientas y recursos que aporta para poder acompañar los privilegiados momentos de transformación que supone aceptar a quien tienes delante como lo que siente y sabe que es.

En la segunda parte del libro se presenta un análisis que podría ser parte de cualquier manual de acompañamiento a la transexualidad infantil y juvenil en cualquier protocolo de atención que se pretenda; además, su detallada exposición en el propio índice ayuda a acudir a él de una manera pedagógica y práctica. Porque, comprender y acompañar los tránsitos de estos niños y niñas es además una oportunidad educativa maravillosa de atender las diversidad y particularidades sexuales del de todos y todas.

Las reflexiones sexológicas, de la última parte del libro aportan conocimiento ordenado de una realidad compleja como es la transexualidad, mostrándola como lo que en realidad es: un hecho más de la diversidad sexual humana.

El sexo es una idea, un concepto, algo pensable, pero también algo sentido e ineludible que configura la personalidad de cada uno y cada una de nosotras. Aceptar aquello que somos nos confiere bienestar y constituye un muy alto porcentaje de nuestra felicidad vital; porque si tu no ves lo que yo soy entonces no puedo ser. 

Ver un niño donde veíamos una niña y viceversa (este es el verdadero “transito”) es un acto cognitivo que cuesta, a veces cuesta mucho; acompañar las particularidades con las que ese niño y esa niña se vive y se expresa, sigue siendo algo complejo aún, en un momento social donde, afortunadamente, los hechos de diversidad sexual son cada vez menos rígidos y están menos mediatizados por las imposiciones culturales y sociales. 

Contar con este ramillete de vivencias particulares y únicas ayudará a que muchas otras familias puedan ver reflejadas en ellas sus propias dudas, curiosidades y preocupaciones; y este probablemente sea el gran valor del libro “Tránsitos”.

El análisis realizado a partir de los relatos de vida recogidos resulta una aportación muy valiosa a nuestra tarea como profesionales de la sexología en nuestra labor de seguir facilitando conocimiento claro y certero sobre esto tan complejo y apasionante de irnos haciendo de uno y otro sexo a lo largo de nuestra biografía y también en nuestro cometido de ampliar las posibilidades de vivirnos felices en cualquier hecho de diversidad sexual, siendo este el que sea y vaya siendo. 

Gracias, familias, por permitirme estar cerca. Gracias, niños, niñas y adolescentes, por aceptar mi presencia. Gracias, Aingeru, por compartir tus saberes y vivencias. Un lujo siempre, un lujo todo ello.

*Sexóloga, socia de la AEPS

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