“La ignorancia sobre la asexualidad es una forma silenciosa de activar la discriminación y el repudio.”

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Entrevista realizada a José Luis Beiztegui Ruíz de Erentxun* para la revista Interviu

  I: ¿Cuáles son las principales dudas que tienen las personas antes de darse cuenta de su asexualidad?

J.L: Pienso que lo que una persona asexual puede llegar a sentir antes de ser consciente de que su no atracción erótica hacia ninguno de los sexos forma parte también de una diversidad ajustada de hechos “reconocidos” dentro de lo que es la ciencia sexológica es lo que todos sentimos cuando vemos que nuestra experiencia o nuestras vivencias en cualquier ámbito no son comprendidas, entendidas, asimiladas o compartidas por una amplia mayoría de la sociedad. Por tanto, una sensación de intensa soledad, incomprensión y rechazo que causa dolor y sufrimiento. La incertidumbre, el reparo y la inseguridad sobre las propias emociones que emergen (y que no han encontrado durante mucho tiempo cabida dentro de las coordenadas establecidas y normalizadoras de la sociedad y la ciencia) pueden ser también el caldo de cultivo donde el asexual se mueve antes de ser consciente de que también hay un sitio para él/ella dentro de las diferentes posibilidades de atracción-no atracción erótica.

  I: ¿Cómo ha ido variando la situación médica y el tipo de diagnóstico, por decirlo de alguna manera, a lo largo del tiempo? DSM y demás…

J.L: En realidad, si atendemos a la definición exacta de lo que entendemos como asexualidad (más allá de que considero que la construcción léxico/semántica del término no es el mejor y debiera ser mejorado), esto es, persona que no experimenta atracción sexual ni hacia hombres ni hacia mujeres o dicho de otra manera, persona que no experimenta un direccionamiento en su deseo erótico ni hacia hombres ni hacia mujeres, el DSM, por ejemplo, ha estado tan “perdido” (lo digo irónicamente) que jamás ha incorporado dentro de sus famosos diagnósticos y trastornos nada parecido a la asexualidad, tal y como la estamos actualmente definiendo. He de decir que afortunadamente y que me congratulo con este “olvido” pues la asexualidad no es ningún trastorno ni disfuncionalidad ni tara y por tanto, no necesita etiquetación ni diagnóstico alguno. La asexualidad, en todo caso, es una variante más de la amplia diversidad de posibilidades del deseo y de la atracción humana. Los dos diagnósticos más cercanos en alguna de sus manifestaciones a la asexualidad en el DSM, que no tienen que ver absolutamente nada con la asexualidad, pero que con frecuencia se han confundido, serían el trastorno por deseo sexual hipoactivo y el trastorno de aversión al sexo. En ningún caso la asexualidad, repito, es un trastorno ni una disfuncionalidad de ningún tipo. Ni tampoco el deseo sexual hipoactivo es ningún trastorno. A mi criterio, casi todos los diagnósticos “trastornantes” del DSM en lo que se refiere a la sexualidad deberían ser eliminados y borrados del mapa. Porque ni son trastornos ni enfermedades. Y ya en lo referido a la asexualidad hay que celebrar que no se haya introducido nunca en ningún diagnóstico como trastorno porque sería un dislate y una barbaridad

I: ¿Se puede considerar la asexualidad una orientación sexual?

J.L: Se podría considerar una orientación sexual del deseo erótico, pero en la forma, a mi entender, de “orientación sexual no orientada del deseo erótico”. Es decir, sería una no orientación sexual del deseo erótico, pues en realidad el deseo no se orienta sexualmente hacia nada, ni hacia hombres ni hacia mujeres. No existe en estos casos el deseo en forma de atracción excitatoria como un tropismo positivo que “arrastra” hacia el otro, sea hombre o/y mujer. Yo diría, aunque esto sería más complejo de explicar, que no sienten absolutamente nada como primera posibilidad o que sienten un tropismo negativo, es decir, una cierta aversión atractora-excitatoria hacia ambos sexos.

I: En su opinión, ¿por qué los asexuales se pueden sentir discriminados?

J.L: Obviamente, los asexuales tienen muchas razones para sentirse discriminados. La primera discriminación es la propia desconfirmación de su existencia, que hasta tiempos muy recientes ha seguido estando vigente. Si alguien no te reconoce, no existes. Si tú sabes que sí existes y el mundo niega tu existencia o la desconoce, la sensación tiene que ser de una terrible soledad e incomprensión. La segunda discriminación es que alguien te escuche y te reconozca, pero, por decirlo de alguna manera, no crea lo que le estás diciendo. Muchos de los esfuerzos del colectivo asexual han ido encaminados a intentar enfatizar lo que son y lo que no son, procurando evitar confusiones y equívocos muy habituales.

I: ¿Qué importancia han tenido las nuevas tecnologías para que esta comunidad se de a conocer?

J.L: Yo creo que han tenido mucha importancia, por no decir toda. De hecho, es a raíz de la implantación, la socialización y la expansión de las nuevas tecnologías (internet, chats, foros, páginas tematizadas “ad hoc”) cuando los asexuales se han podido “expandir”, sentirse reconocidos y acompañados, reflejados en los testimonios de otras personas y formar una potente fuerza comunitaria donde agruparse, darse a conocer y reivindicar su sitio. Si la asexualidad ha traspasado las fronteras de lo privado e íntimo es gracias a la expansión de internet y otras tecnologías. Con esto, obviamente, nos hemos beneficiado todos. Unos por poder expandir abiertamente el mensaje de su existencia y los demás por poder acercarse a descubrir una realidad ensombrecida y oculta.

I: ¿Cómo se podría extrapolar el dato aportado por Bogaert en 2004 de que el 1% de los británicos es asexual?

J.L: Actualmente, no hay estudios serios ni rigurosos sobre la prevalencia de la asexualidad en la población. Tampoco creo que sea el dato más importante a tener en cuenta. Sean dos, doscientos o dos millones los asexuales en nuestro país no me importa absolutamente nada. Lo que sí es importante es la normalización e integración en la cultura de los diferentes hechos de diversidad sexual, sea la asexualidad u otros, que existen. Lo que sí importa es que nadie se sienta discriminado o fiscalizado por su forma de sentir, desear o conducirse en el terreno de lo sexual. Una sociedad sexológicamente educada es como una gran zapatería que dispone de todos los zapatos necesarios para que cada uno pueda comprarse el suyo, se lo pueda ajustar y pueda andar feliz con él. Lo contrario, cuando uno va a la zapatería y no encuentra su zapato porque nadie lo hace ni lo vende, es lo que genera dolor, amargura y malestar.

I: Por último, ¿qué debería cambiar la sociedad para que este colectivo no se sienta discriminado

J.L: Creo que vivimos, en comparación con otras épocas, tiempos más amables para la acogida e integración de casi todas las minorías que en el terreno sexual existen. Se ha producido en los últimos años un giro político y social de 180 grados con respecto al conocimiento, la acogida y la integración de ciertos colectivos (gay, transexual, etc), antaño vilipendiados, perseguidos o como mínimo ignorados. Considero que el fenómeno de la asexualidad es el gran desconocido en estos días y por tanto, todo lo que contribuya a hacer “salir del armario” (con artículos como este, con información, conocimiento, testimonios, etc) este fenómeno ayudará a que la gente tenga una mejor cultura y por consiguiente, una actitud más ajustada e informada sobre el mismo. Mucha de la discriminación hacia el colectivo asexual toma su forma a través de la ignorancia y la pseudoinformación que la mayoría de la gente tiene.  La presión consumista y sexualista en la que estamos instalados hace también que todo lo que no pase por un “hiperdeseo erótico orientado”se vea como extraño o anómalo. En definitiva, más conocimiento e información, mejor capacidad de escucha y empatía para comprender que existen otros que sienten de otras maneras y mayor educación sexual que precisamente garantice una cobertura institucionalizada para comprender todos los hechos de diversidad sexual.

*Sexólogo/Psicólogo

Miembro de la Junta Directiva de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)

Profesor y Coordinador docente del Máster en Sexología Sustantiva de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC)

Terapeuta sexual en Biko Arloak (Bilbao)

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Diferencia sexual y juego infantil

Diferencia sexual y juego infantil1

José Luis Beiztegui Ruiz de Erentxun*

El sexo no es el destino, pero es una buena probabilidad estadística”2

Con el objeto de disertar brevemente sobre este vivo, actual y sustancioso tema, a saber, las concomitancias y correlaciones que se dan entre el sexo y la elección y conducción del juego infantil, me propongo visitar tres estaciones ilustrativas para culminar en un punto final donde estableceré las conclusiones al respecto. En primer lugar, y como primera estación, seré crítico acerca de cierta mitología de la naturaleza humana que pretende seguir “poniendo todos los huevos” del ser y devenir humano en manos de la sociedad, la cultura, las expectativas sociales, la crianza, la educación y similares. Por otro lado, ya transitando por la segunda y tercera estación, haré referencia a diferencias sexuales evidentes y a fenomenología (s)experimental de amplio espectro que nos ilustrará sobre el sesgo sexual en casi todo, pero más en exclusiva en el área del juego infantil. Por último, como ya he advertido, inferiré de lo dicho unas cuantas conclusiones finales. Sigue leyendo

“Consideraciones sobre pederastia y deseo erótico: de la genealogía grecolatina a la perversión postmoderna.”

José Luis Beiztegui Ruiz de Erentxun. Sexólogo.[1]

La primera observación que he de hacer, y a la cual me adelanto, es apuntar a la posible desazón de aquellos lectores que hayan previsto un análisis extenso y profundo del tema que nos ocupa. Solamente pretendo sobrevolar “a vuelo de pájaro” acerca de algunas ideas marco que nos ayuden a hacer ciertas distinciones y matizaciones en el abordaje de conceptos relacionados con el deseo erótico y la pederastia tanto desde un punto de vista histórico-semántico como desde las numerosas torsiones abusivas a los que este concepto ha estado y está sometido. Por lo tanto, procuro abordar desde una perspectiva crítica y a la vez nutritiva múltiples aspectos al derredor de estos dos conceptos, pederastia y deseo erótico, vinculados entre sí.  Ser conscientes de la tergiversación y corrupción semántica de la terminología al uso nos sirve también de elemento propulsivo para meternos de lleno en otras parcelas o territorios dotados de un alto grado de relevancia y posibilidad reflexiva: ¿a qué o a quién responde la manipulación, trufada de connotaciones negativas y sépticas, a la que son sometidas las palabras y por tanto, las vivencias y experiencias? ¿por qué opacar una gran parte de los análisis para poner el foco en aquello que resulta extraño, enfermo, sucio o perverso? ¿por qué adulterar la descripción holística de los fenómenos que designan los conceptos y distorsionar, manipular o alterar torticeramente su significado? A veces, sólo pienso que es manifiesta ignorancia. Otras, que aparte de desconocimiento coexiste siniestro interés biopolítico. Sea como fuere, la ignorancia de estos tiempos en los que todos corremos es de palpitante actualidad: basta, burda y omnipresente. Como Demetrio, “el Cínico”, me gusta decir de las personas que carecen de cultura: “da lo mismo que hablen o se tiren pedos”. No entraré en perfilar las matizaciones políticamente incorrectas de tan hábil y divertida frase demetriana. En cualquier caso, él era un cínico y yo, desde hace un tiempo, también.

Volviendo al asunto que me ocupa y circunscribiendo este pequeño artículo a la sencillez de apuntar unas sencillas ideas clarificadoras, me dejo a mí mismo o a otros inquietos escribidores el desarrollo extenso de estos “fugaces destellos” en un futuro próximo. Sigue leyendo

Reseña: “HOMBRES VÍCTIMAS Y MUJERES AGRESORAS”

“Hombres víctimas y mujeres agresoras”

La cara oculta de la violencia entre los sexos

María de la Paz Toldos Romero. Ed. Cántico, 2013

José Luis Beiztegui Ruiz de Erentxun*hombres-víctimas-y-mujeres-agresoras-la-cara-oculta-de-la-violencia-entre-sexos

El título de la obra, “Hombres víctimas y mujeres agresoras” ofrece ya en sí mismo una franca y rotunda declaración de intenciones. Sin titubeos, disimulos o  distracciones que puedan conducir a duda alguna, María de la Paz Toldos nos ofrece un libro aguerrido, valiente y solvente a la hora de analizar el fenómeno de la violencia desde perspectivas múltiples y diversas.

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Editorial Isesus: Bienvenida!

José Luis Beiztegui Ruíz de Erentxun*

Me gustaría dar la bienvenida a esta nueva iniciativa empresarial al servicio de la Sexología, y más concretamente, al, desde y para el servicio de la Sexología Sustantiva. Ni todo tiene que ser sustantivo, ni toda la sustancia sexológica ha de emerger desde la misma. Pero sí que ella, la Sexologia Sustantiva,  ha de erigirse como piedra angular y referente central de la nueva epistemología que contempla, estudia y se acerca a los sexos. Confío que al albur de esta centralidad, condimentada e ilustrada por conocimiento sexológico de variado tipo, la recién nacida editorial ISESUS cuente con el mayor de los éxitos posibles en el futuro más cercano y en el más lejano. No olvidemos que todos estamos implicados en esta tarea; no sólo sus promotores. Que tenga largo recorrido también depende de nosotros: apoyando de los múltiples modos disponibles a una de las pocas editoriales de temática sexológica en el mercado, colaborando con sus promotores, gente de la casa, en todo lo posible, aportando conocimiento sexológico en alguna de sus publicaciones, etc.  Jugar a hacer sexología de mercadillo es fácil, pero jugar a hacer Sexología profesional, rigurosa y científica, se vuelve, todos lo sabemos, más complicado, en  tiempos donde parece que lo que toca es hacer del cerebro sexopensante un adorno floral disponible en cualquier zoco de  ciudad.  Son pocas y escasas las fuerzas a nuestro favor. Aprovechemos las que tenemos y no desperdiciemos las contadas oportunidades que gozamos de poder ser altavoces y transmisores de aquello en lo que creemos, defendemos y apasiona. Vaya por delante, pues, el reconocimiento y agradecimiento a esta nueva editorial.

* Sexólogo- Psicólogo. Biko Arloak. Miembro de la Junta Directiva de la AEPS.