Solo un puñado de años

Pablo Lozano Rueda*

Un pueblo minero de negro carbón y cutreindustrial de la montaña palentina, un pedagogo especialista en organización (y absolutamente desorientado) recién licenciado y con tendencia a hurgar en sí mismo y una donostiarra a la que sigo profesando un profundo amor hicieron que cerrara los ojos y me lanzara al ciclón de la Sexología. Dos años de formación en el programa más novedoso y con el profesorado más rompedor y serio: un trabajo personal duro, de un dolor placentero al estilo del Marqués en el que olí fugazmente los aromas de las cocinas del hecho sexual humano.

Acabados los cursos, quedaba la vida. Sigue leyendo

Anuncios