“Consideraciones sobre pederastia y deseo erótico: de la genealogía grecolatina a la perversión postmoderna.”

José Luis Beiztegui Ruiz de Erentxun. Sexólogo.[1]

La primera observación que he de hacer, y a la cual me adelanto, es apuntar a la posible desazón de aquellos lectores que hayan previsto un análisis extenso y profundo del tema que nos ocupa. Solamente pretendo sobrevolar “a vuelo de pájaro” acerca de algunas ideas marco que nos ayuden a hacer ciertas distinciones y matizaciones en el abordaje de conceptos relacionados con el deseo erótico y la pederastia tanto desde un punto de vista histórico-semántico como desde las numerosas torsiones abusivas a los que este concepto ha estado y está sometido. Por lo tanto, procuro abordar desde una perspectiva crítica y a la vez nutritiva múltiples aspectos al derredor de estos dos conceptos, pederastia y deseo erótico, vinculados entre sí.  Ser conscientes de la tergiversación y corrupción semántica de la terminología al uso nos sirve también de elemento propulsivo para meternos de lleno en otras parcelas o territorios dotados de un alto grado de relevancia y posibilidad reflexiva: ¿a qué o a quién responde la manipulación, trufada de connotaciones negativas y sépticas, a la que son sometidas las palabras y por tanto, las vivencias y experiencias? ¿por qué opacar una gran parte de los análisis para poner el foco en aquello que resulta extraño, enfermo, sucio o perverso? ¿por qué adulterar la descripción holística de los fenómenos que designan los conceptos y distorsionar, manipular o alterar torticeramente su significado? A veces, sólo pienso que es manifiesta ignorancia. Otras, que aparte de desconocimiento coexiste siniestro interés biopolítico. Sea como fuere, la ignorancia de estos tiempos en los que todos corremos es de palpitante actualidad: basta, burda y omnipresente. Como Demetrio, “el Cínico”, me gusta decir de las personas que carecen de cultura: “da lo mismo que hablen o se tiren pedos”. No entraré en perfilar las matizaciones políticamente incorrectas de tan hábil y divertida frase demetriana. En cualquier caso, él era un cínico y yo, desde hace un tiempo, también.

Volviendo al asunto que me ocupa y circunscribiendo este pequeño artículo a la sencillez de apuntar unas sencillas ideas clarificadoras, me dejo a mí mismo o a otros inquietos escribidores el desarrollo extenso de estos “fugaces destellos” en un futuro próximo. Sigue leyendo

EL HORROR EL HORROR! A PROPÓSITO DE LA PORNOGRAFÍA INFANTIL

 “…aún entre lo deplorable existen matices…” H. Subirats

Agustín Malón *

(Artículo publicado en BIS nº 45, Julio-Sept 2005)

Horribles, espeluznantes, escalofriantes, asquerosas, repugnantes, tenebrosas, pavorosas, terroríficas. Estos son algunos de los muchos adjetivos con que la prensa, los políticos y los activistas “anti-pederastia” acostumbran a describirnos las imágenes requisadas en sus cada vez más frecuentes –y publicitadas– redadas contra la pornografía infantil. Acostumbrados ya como estamos a las más grotescas imágenes de cuerpos destrozados, torturas en prisiones, niños hambrientos y agonizantes, asesinatos en directo, campos de concentración, catástrofes naturales, ciudades destruidas bajo bombas aliadas, etc., el último espanto que nos queda reside en el terreno de la inocencia infantil despedazada por el vil deseo del adulto. Insensibilizados ante los más terribles sucesos que galopan ante nuestros ojos en esa ventana a la irrealidad que es la televisión, el último de los horrores no podía ser otro sino precisamente aquel que no se ve, aquel que sencillamente hemos de imaginar. Pues una de las características más notables del fenómeno de la pornografía infantil es que la mayoría de los ciudadanos hemos de asomarnos a él a través de nuestra imaginación. De nuestra fantasía, siempre dispuesta a desbordarse, y de la confianza en lo que otros nos cuentan. Un ejemplo, el ministro del interior decía recientemente que en toda su experiencia como juez nunca había visto nada tan horrible como las imágenes requisadas en una de las últimas operaciones contra la pornografía infantil en nuestro país. Sigue leyendo